miércoles, 24 de febrero de 2010

Los padres en el deporte escolar (3)

COMO OPTIMIZAR Y APROVECHAR MEJOR LOS VALORES DEL MINIBASKET

(JUAN CARLOS MITJANA)

Los niños que juegan al minibasket no solamente se inician en la práctica deportiva, sino también en una vía educativa complementaria a la familiar y a la escolar. Los reglamentos y técnicas de juego deben por ello respetar una serie de principios pedagógicos, didácticos, psicológicos y metodológicos que garanticen el proceso de formación integral del individuo.

La introducción de buenos hábitos de salud e higiene, de comportamiento, de comunicación, además de los aspectos técnicos propios de la especialidad deportiva, nos ha de servir para promover y generar actitudes positivas. Ese debe ser el objetivo de toda la familia del minibasket: técnicos educadores, responsables de clubes, árbitros y padres. Estos últimos tienen un papel más importante del que a priori pueden pensar.

Se está hablando mucho (demasiado) de que el mayor problema del minibasket son los padres. Esto ocurre no sólo en España, sino en otros países que normalmente visito varias veces al año: Israel, Grecia, Italia, Francia,…etc. ¿Será casualidad?

Toda la familia del baloncesto se queja de su comportamiento, incluso los propios niños. En una carta abierta de un grupo de ellos del Colegio Llor de Sant Boi (cuna de Pau Gasol), decían a los padres: “Que suerte tienen aquellos equipos en los que los padres y madres quedan para comer, para salir,… después del partido”.

Estas palabras llevan implícitos muchos mensajes que estás incluidos en el apartado de reflexiones a los padres.

Todos los que rodeamos a los niños, de una u otra manera, debemos construir un cuadro de referencia que le permita crecer y evolucionar como ser humano y deportista.

Desde su origen como juego inventado y desarrollado en el entorno escolar, el minibasket se ha ido adaptando a las nuevas situaciones que se el juego iba presentando. Ahora, además de introducir cambios en el reglamento referentes a aspectos de tiempo de juego, valor de la canasta, resultado por periodos etc., se está estudiando por primera vez, cómo introducir el papel de los padres.

Sin duda el comportamiento de los padres en esta categoría crea en ciertos casos verdaderas disfunciones en el proceso de adquisición de valores sociales como:

· El equilibrio social y emocional.

· La capacidad de dirigir, de aprender del grupo.

· El sentido de la realidad, el respeto a las reglas y a la autoridad.

· El sentido del civismo, de la igualdad y del respeto a la diversidad.

· El espíritu de colaboración y superación.

· Saber qué significa la deportividad.

· El entender la responsabilidad de sus actos frente a sus derechos y deberes,… etc.

Sólo si toda la familia del minibasket, empezando por los padres, aplica estos valores y los demuestra con sus actos, serán capaces los niños de asimilarlos.

La línea deseada de educación y comportamiento de los niños por parte de los padres no debe cambiar por tratarse de una práctica deportiva. Es justo apoyarse en ella, como herramienta válida, para conseguir los objetivos antes mencionados. Toda actividad familiar, social, deportiva, etc…, debe servir para apoyar y reafirmar valores.

Dado que los niños no pueden sancionar a los padres, ni los equipos pueden ser castigados por dicho comportamiento, una de las ideas es que los árbitros, después del partido, puedan valorar el de los aficionados (padres en el mejor de los casos). En caso de sumar a lo largo de la temporada varias valoraciones negativas, el club e incluso el equipo podrían ser sancionados: no tener la posibilidad de ir a torneos amistosos, no poder aspirar a jugar las finales de su categoría, o una limitación a la hora de recibir ayudas el club por parte de la Federación.

Desde los diferentes estamentos deportivos, públicos y privados, se habla demasiado de esta problemática. Se filosofa mucho pero se ponen pocas medidas en práctica. Dada la dimensión del problema, y la escasez de medidas adoptadas, debemos actuar y atacar el problema de base para evitar un mal, que en la mayoría de los casos, podría llegar a ser irreparable.

Podríamos formular diferentes líneas de actuación que permitieran de forma innovadora superar la frontera educativa del minibasket actual, convirtiéndolo en una verdadera herramienta educativa:

La primera línea sería preventiva:

1) Concienciación del problema con los padres y clubes.

2) Realización de charlas en los diferentes clubes, creando debates sobre la situación.

3) Firma de un contrato ético-deportivo (quizá el primero de su vida), entre la entidad, el niño y el padre. Será un momento de reflexión conjunta, y como todo contrato deberá leerse y ser aceptado por parte de los firmantes.

4) Creación de un grupo de personas, no árbitros, con autoridad para emitir un informe, encargadas de velar por este comportamiento en las pistas de juego.

La segunda línea sería sancionadora:

1) La demostración por parte de los clubes de que trabajan por esta línea, es la acción directa sobre los padres que no entienden el minibasket.

2) Aumento de las sanciones por parte de la Federación por comportamientos y actitudes no acordes con la línea deseada en los terrenos de juego.

3) Denunciar los contratos ético-deportivos, dentro del ámbito del club.

4) Introducción en el reglamento de valoraciones sobre el comportamiento de los aficionados haciendo una clasificación paralela.

Es un proyecto novedoso y audaz que refleja la realidad: el niño necesita el apoyo de los padres para crecer como jugador-persona. Este binomio no se puede separar: si los padres ayudan en casa con el aprendizaje de la escuela, en el minibasket también.

La mejora del joven jugador va encaminada a la adquisición de habilidades técnicas y humanas. La repetición, la corrección y el buen ejemplo son parte de la enseñanza, sin olvidar que lo que el niño necesita es conseguir habilidades, tanto técnicas como humanas. Debe ser el principal protagonista de su aprendizaje, como jugador y persona, siendo capaz de elegir entre las opciones que el juego le plantee y, a la vez, de autoevaluar su elección.

En la vida deberá tomar decisiones, unas buenas y otras malas; de ambas debería extraer conclusiones para futuras actuaciones. El minibasket le debe servir como banco de pruebas para completar su formación. Al ser ésta una actividad que se realiza de forma voluntaria, los resultados tendrán más incidencia en su proceso de formación personal.

A continuación expongo una serie de reflexiones que me gustaría hacer a los diferentes miembros de la familia del minibasket:

AL NIÑO

· El juego no termina con el partido.

· Entrena para mejorar, no para ganar.

· Debes conocer la importancia de la salud (come bien, duerme lo suficiente, etc.)

· El Minibasket provoca diversión y genera seguridad.

· Fomenta la relación social y la comunicación.

· Disfruta del post-partido con independencia del resultado.

· Haz amistades con los compañeros del equipo contrario.

· Las posibles injusticias que pienses que los árbitros han hecho, son también parte de la enseñanza. El mundo tampoco es justo del todo.

· Piensa que también puedes ser árbitro algún día.

· Tienes que aprender a tomar iniciativas bajo presión.

· Hablas con tus padres sobre tus sensaciones.

AL ENTRENADOR/EDUCADOR

· Motiva constantemente al niño. Estimúlalo a que tome iniciativas en el juego.

· Piensa en el mañana del niño, no en el hoy.

· Tus obligaciones no terminan en la formación técnica.

· Aunque no lo quieras establecerás un vínculo afectivo con el niño, no lo defraudes.

· Eres un líder para los niños (jugadores del equipo) aprovéchalo en positivo.

· Disfruta no sólo del progreso técnico, sino del personal y humano.

· Forma para afrontar también el fracaso, no sólo el éxito; la vida es una mezcla de todo.

· Debes saber asumir además del papel de entrenador, el de psicólogo y consejero del niño.

· Ayuda a que tenga niveles de auto evaluación y a que sea reflexivo.

· No aceptes amenazas de los padres, referentes a llevarse al niño a otro equipo si no juega más tiempo, o porque juegue en otra posición.

A LOS PADRES

* Comparte con el niño lo que significa jugar.

* La formación integral deportiva también depende de ti.

* Una sonrisa y tu apoyo tras una derrota es más efectiva en la formación que el aplauso tras una victoria.

* No presiones al niño con el resultado.

* Tus actos y palabras durante la actividad deportiva del niño deben coincidir con la línea educativa que deseas para él.

* Ayuda a comprender las situaciones que el niño no entienda.

* La alegría del niño por participar de un juego con un grupo de amigos, está por encima de tus intereses de “manager”.

* Ayúdale a tener sensaciones de logro.

* No te reflejes en el niño. No quieras ver en él aquello que tú no llegaste a ser.

* No hace falta que demuestres en público tus “conocimientos” sobre el juego, el arbitraje, los contrarios o los compañeros de tu hijo.

* Ayuda a entender a otros padres el valor del minibasket.

A LOS ÁRBITROS

* Tus acciones tienen más influencia de la que piensas.

* Debes de dar ejemplo en todo, incluso en los errores.

* Tú también estás en formación, déjate aconsejar.

* Disfruta de la actividad y ayuda a que disfruten los demás.

* Piensa en la ilusión de los niños antes de tomar medidas disciplinarias.

* Asume un papel más pedagógico quede juez: explica a los niños tus decisiones si es necesario.

* Gánate el respeto de todos, entendiéndolos y respetándolos.

* No antepongas tu ego a la misión que tienes en el partido.

* Debes intervenir cuando sea necesario sin interferir en el desarrollo normal del juego.

El deporte como actividad educativa y formativa es quizá la herramienta más potente de la que disponemos para derribar las barreras que la sociedad crea constantemente, idiomáticas, culturales, personales… etc.

El minibasket nos tiene que servir para aglutinar esfuerzos en esta vía y aprovechar sus ventajas, que son muchísimas, para formar personas y deportistas.

Estos niños de hoy serán personas maduras y con responsabilidades en un futuro y tendrán que demostrar con hechos la adquisición de los valores trabajados en esta época de su vida.

Espero que todo aquel que pueda leer estas líneas, y no se sienta identificado con esta conducta, pueda colaborar durante los partidos haciendo ver a otros padres y miembros de la familia del minibasket, que están a su lado, que ésta no es la vía correcta para ayudar al niño.

Si con estas líneas he podido motivar un espacio de reflexión en torno a este juego, y multiplicar así sus intervenciones en las diferentes funciones y objetivos descritos, habré conseguido transmitir el mensaje que pretendo.

El minibasket es un juego excepcional: ¡Aprovechémoslo no sólo técnicamente!

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